Se me algolpan las ideas, parecen inconexas, en la cabeza. Y siempre hay algo que las relaciona...
Animales bajo tierra. Los túneles. Escondites. Una piscina nueva. El agua, clara, pero aun así podría estar sucia, llena de bacterias, de fauna y flora... Y seguro, es lo normal. ¡Qué corra el agua! Y no puede, no puede... ¡está estancada!. Una pastilla flotando la va a salvar, pero qué mal huele...
Lombrices y topos. Cadáveres, sin vida ¿Y será una redundancia? Sí que tienen vida. Se llenan de pequeños seres que los reciclan. Materia orgánica. Restos arqueológicos... Historias concluidas. Michael... que como ET se ha ido, pero no volando en una bicicleta, no... Y no sería tan extraño, que irá donde van todos, no habrá un cielo VIP ¿quizá un infierno?. No creo que fuese malo, ni bueno... Un pobre diablo, un contenedor de talento en el que poco más podía caber, ni infancia, ni amor, ni yo qué sé... Ni sabremos. Tan lejos, tan lejos, en aquella burbuja de oxígeno, un cuerpo encerrado, sin poder fluir por el mundo, estancado.... con una pastilla flotando, que lo va a salvar de la corrupción, pero qué mal huele... Dicen que puede decolorar las paredes de la piscina si las dejas demasiado. Es que son productos muy fuertes, pero efectivos... Claro. Si todo tiene relación, todo...
Habría que dejarla correr, con bacterias y todo. Es lo natural. El agua es casi un ser vivo. Si la estancas la matas, tarde o temprano, la matas..., se llena de vida, la vida acaba con ella... Y ya no es agua, es un caldo de cultivo, un contenedor, un cadáver con bichos.. Como siempre, es una cuestión de equilibrio vital, tan difícil.. y tan fácil.
Un mundo nuevo... bajo tierra, oscuro, pero tan verdadero como al que le da el Sol que ahí está, en verano desde la mañana a la noche, y como siempre, es que ahora parece no irse nunca. Pocas son las horas oscuras, pocas son.. Pero ya pasó el solsticio, ya pasó, la noche vuelve a reconquistar el día, sutil... poco a poco... poco a poco... me enamoré de tí... Y no. Cuando el amor llega así, de esta manera... uno, no se da ni cuenta...
Mamá, ¿tú sabes qué es eso?, me pregunta sin curiosidad, con afán de instruirme...
Miro la pantalla con la boca llena de café con cereales, sin entender estos dibujos, repletos de fantasmas, monstruos, seres tan extraños, tan propios de las pesadillas de niños y mayores. Y sin embargo encantadores. Ahí está el dibujo de ese cadáver saliendo de su tumba, con su tormenta y todo...
No cariño, no sé... ¿qué es?
Es un... (pone voz de misterio)... MONSTRUO DE LA OSCURIDAD...
Ah.
Sí, dice mientras acompaña con la cabeza afirmativamente y con los ojos muy abiertos.
Cariño, ¿no prefieres al maestro Zorori?, estos dibujos son un poco feos... Se lo pregunto aunque ya sé la respuesta, y, además, Zorori y cía son unos pelmas... entretenidos pelmas, eso sí...
No. Me gustan estos (en la pantalla un cerdo corre despavorido con una marca en el pecho hecha con el látigo del Monstruo de la oscuridad)
¿Seguro?
Sí.

