Nuestra mente es una cámara acorazada.
Acorazada, que no, no viene de
corazón, ¡viene de
coraza! De
coraza. Como las cucarachas. Una coraza que protege algo supuestamente importante. Nuestra mente es valiosa. Nuestros pensamientos son el fruto de esa máquina tan valiosa.... ¿Los alquimistas, buscarían precisamente eso? Tanto buscar, y la respuesta la tenían en sí mismos, aunque muy bien protegida. ¿Protegida por quién? Nosotros nacemos así, con la mente acorazada... ¿Alguien sabe si nuestra mente nos pertenece? A veces produce pensamientos e ideas que no entendemos... ¿Será que no somos dueños del vaivén de nuestro flujo neuronal? Será. Y cuando soñamos... cuando soñamos... ¿Seremos baterías andantes, cuya única motivación consiste en querer saber sin llegar a conseguirlo jamás? ¿Tenemos real libertad de pensamiento? Nuestras capacidades están
infrautilizadas, así que gran parte de nuestro cerebro no está a nuestra disposición. Sólo ocupamos con nuestra
libertad de pensamiento, a voluntad, una pequeña parte, como para mantenernos ocupados, despistados de la otra que podría ser la auténtica utilidad de la máquina. Una ilusión, un entretenimiento que nos obliga a mantener el órgano vivo, recargando la batería una y otra vez sin saber muy bien por qué. Tenemos que vivir. Tenemos que pensar. Mantener vivo ese órgano, esa máquina hacedora de ideas, buenas y malas, ¿absurdas?
¿Acaso tenemos la combinación secreta? No. Algunos se han pasado toda una vida buscándola, y se han vuelto locos, y se han
lobotomizado intentando descubrir el secreto, las entrañas del pensamiento, la lógica, el futuro, el producto alquímico, el tesoro. Saber, saber. ¿Cómo estudiar un órgano cuando la única herramienta que tenemos es el propio órgano? ¿Cómo la máquina va a desentrañarse a sí misma?

Vi a una amiga de la adolescencia paseando por la playa en
bici, trazando círculos y elipses al azar, como haciendo tiempo.... Se aceleraba cuando iba hacia la orilla por la arena endurecida y húmeda. Era una playa pequeña, encajada entre las rocas, pedregosa y estrecha. El suelo irregular hacía que el conjunto, mi amiga y su máquina de paseo, se sacudiese. Yo pensaba, desde la ventana de la extraña casa en la que me encontraba que no podría hacerlo mejor. La aceleración y la inestabilidad de la bicicleta me producirían vértigo, pérdida de control y acabaría sin lugar a dudas en el suelo. La miraba orgullosa: ¡qué bien lo hacía!
Inmediatamente me pregunté cómo había llegado ella hasta allí. ¿Había venido a verme?
Estaba en aquella casa, mi madre estaba enferma en cama y yo deseaba protegerla. Una casa en la playa, cerca del mar. Me producía inquietud. Inundaciones.
Para llegar allí había conducido mi
SuperLaguna:
entiéndase, cuando la cosa se puso fea, aquel coche tenía la facultad de flotar por la riada y de llevarnos a donde debíamos llegar, a aquella casa extraña al lado del mar. Pero todo era una trampa. No es que yo fuese una experta al volante... no. Alguien, un ente malvado y superior se había hecho con nuestras mentes. En especial se había hecho con mi mente. Había conseguido la combinación secreta y había entrado como si fuera su casa. Allí supo todo lo que yo e incluso más, pues en rincones inaccesibles para mí podía entrar él. Él. Malvado. Pero en esta parte de la historia yo todavía no lo sabía. Y ya que la historia es mía y soy también uno de los personajes, para más señas el protagonista, quise darme una pista. La aproveché muy bien, me sentí orgullosa de mí... ¿dirigiendo mi destino? ¿era lícito aquel nepotismo?. Así que salí a hablar con mi amiga y le pregunté qué hacía allí, ¡hacía tanto que no nos veíamos!. Habíamos perdido el contacto hacía mucho tiempo... ¡décadas!.
- Cómo... ¡pero si hablamos por teléfono! ¿No lo recuerdas?
- No.
- ¡Qué extraño!
Y entonces até los cabos sueltos. No podía haberme olvidado de aquella llamada. Y mi amiga estaba segura de haber hablado conmigo, teníamos que encontrarnos allí en esa extraña y gris mañana. Aquella ausencia de memoria sólo podía explicarse si alguien se había hecho con el control de mi mente ¡quizá con el de más! (qué lista.. ¿verdad?).
Así que ese alguien sabía lo que pensaba, sabía lo que me proponía, sabía dónde estaba y a dónde quería llegar, incluso sabía lo que ni yo sabía que sabía.... Me entró el pánico. Me dirigí con urgencia a ver a mi madre y le dije que confiase en mí, que ya se lo explicaría todo pero que de momento no podía siquiera pensar en lo siguiente que haría, no podía contarle la conclusión a la que había llegado, porque Él lo sabría, y eso, eso... era peligroso. ¿Qué es lo que está ocurriendo?
- Maaamiiii... ¿ya es de día? -
¿Qué es lo que está ocurriendo?
- Maaamáaaaaa -
Pero Qué...
Cogí el despertador de encima de la mesilla y lo acerqué intentando enfocar con la vista..
- Sí mi amor... ya voooy -
¡Mierda! ¡Me he quedado dormida!