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jueves, 20 de enero de 2011

Pobriños... ¡están mortos de fame!

El miedo


Siempre fui muy miedosa. Cuando era pequeña dormí mucho tiempo en la cama de mamá, cuando papá murió. Siendo ya una moza, a mi madre se le hizo complicado echarme de la cama, porque me daba pavor dormir sola. Hubo muchos intentos antes de conseguir que me quedase en mi habitación, en mi cama, a solas de noche, con mis pesadillas e inquieta imaginación. Ruidos indefinidos poblaban la noche, tic tacs que se hacían truculentos. Movimientos imperceptibles en la mecedora, en la puerta entornada. Todos los preparativos eran inútiles: sacar la ropa del perchero (aquellos bultos oscuros y alargados que cobraban vida por la noche), mirar debajo de la cama, con cuidado, a distancia, porque si hubiese alguien o algo podría echársete encima en una situación poco ventajosa para escapar, allí tirada en la alfombra, o colgada del lecho asomando con la cabeza. La cama, por supuesto, debía estar contra la pared, para poder dormir vigilante hacia el lado desprotegido, y nunca bajo una ventana.... Imagínate...


Bueno, ya pasó, aquello ya pasó, hace mucho tiempo ya.... Al fin puedo dormir sola, incluso sola en casa, en una casa grande, con trastero en el techo, sin vecinos demasiado cerca, en medio del monte, crujientes superficies con los cambios de temperatura, a veces tan bruscos que las persianas se quejan estrepitósamente.... Y ya salía en el sexto sentido.... que cuando ellos llegan, hace frío...
Iba siendo hora de desterrar los miedos irracionales.


Miedos irracionales. Los monstruos. Quiénes son. De dónde vienen. Cuáles son sus intenciones
De natural deforme...


Monstruo es un término muy amplio. Casi todos los que nos dan miedo tienen un componente humano. Humanos degenerados, transformados, locos, poseídos, mezclados con animales rabiosos, casi inmortales... Vienen del "más allá", por esas puertas mágicas, tantas y diversas....  Y sus intenciones van más allá de nuestro entendimiento. Vienen a darnos un susto, un susto de muerte. Se puede morir de un susto. La muerte. Vienen a matarnos, a llevarnos más allá y a convertirnos en uno de ellos. Si hasta puede decirse que les mueve el amor. Nos quieren, de una forma egoísta (¿hay otro modo de querer?).... Aissss


Los muertos vivientes


Lo desconocido nos da miedo. Lo que hay más allá de la muerte nos da pavor. Y nos dan pavor aquellos que vienen de allí, los muertos vivientes... 
Los hay de dos tipos: energía y materia. Y claro, después de Einstein... estos dos términos se nos confunden un poco. Ectoplasmas que pueden interactuar en nuestro mundo material...  Energías que pueden tener voluntad, entes conscientes de sí mismos que podrían dominar nuestro cuerpo, eliminar nuestra alma.... Aissss... Aissss


Menos etéreos son los zombis y vampiros, inmortales porque ya están muertos... pero, ¿¡qué vamos a hacer con toda esa materia orgánica corruptible!?  Además muerden. Los vampiros tienen más conciencia, más clase.... Y a medio camino tenemos los Licántropos, que sólo pierden el control con la luna llena..... Por último, los  zombis, que están desprovistos de toda conciencia. Desalmados autómatas en busca de comida con la que sobrevivir, o sobremorir, habría que decir... Decididos a comerse tus entrañas y a hacerse un martini con tu ojo clavado en un palito, como Shrek...
Nunca estarás a salvo, cuidado: se esconden tras la apariencia de tus seres queridos.... 
Aissss, aisss aisssss


Nunca estarás a salvo


Hay que pasar por esas. Para deshacerse del miedo hay que llegar a la conclusión de que jamás estarás a salvo de tu imaginación, ni de la de los demás....


Con Jason, de Viernes trece, aprendí que no hace falta mirar bajo la cama, sólo has de tumbarte tranquilamente y dejar que el filo, imposiblemente largo y afilado, traspase el somier, el colchón, las sábanas y luego tu garganta, acertando con arte y simetría en el centro, despuntando finalmente de tus carnes en visible y vistosa fuente sangrienta....  ¿Qué me dices del centro del lago? Aissss aissss aissss aissss
Cuanto más sola peor. Nunca estarás sola... nunca.


Las pesadillas de mis amigas me abrieron los ojos a las manos que traspasan paredes y te agarran el pelo en plena noche.... Si es que las paredes tampoco te protegen....


Factor sorpresa


Si lo esperas pasará, la sorpresa nunca se estropea, porque nunca sabes cuándo exactamente pasará... Y mientras no pasa no es real, es fruto de tu imaginación. El susto está garantizado, nunca puedes prepararte....  A veces, la espera sólo aumenta el arrepío, porque la imaginación trabaja mucho...
Así, una música acertada, misteriosa, puede dejarte al borde del infarto... Y a veces no es la música... es el silencio.


Y si no lo esperas también puede infartarte.


Si es que no hay nada que hacer. Así que....


La risa


Reírse es una buena solución a la hora de espantar los miedos. Imagina a tu suegra dándole de comer a los walking deads, pobrecitos, están mortos de fame... jaja
Y de seguro que no están muertos.... que están de parranda.
Si es que ver como uno de ellos se engancha en el brazo de la rubia, que se deja hacer... claro, es rubia, qué le vas a pedir, mientras chilla  no muy convencida de que le esté pasando, así que lo mira fijamente.... qué blandito es mi brazo.... si lo sé lo machaco más en el gimnasio, que estuviese algo más correoso.... joder, pues te da la risa.


Que los muertos se levanten y anden parece difícil, pero.... ¿no estaremos despreciando el poder de los microorganismos? ¿Moléculas cuasivivas inteligentes? Naaaaa... ¿cómo metemos el cerebro allí?
¿Y por qué no? No me seas arrogante ¿Sería viable utilizar un vehículo orgánico mayor para desplazarse, para propagarse, para dominar el mundo....?


Y hasta que el cuerpo aguante....  jajaja


Bueno. Quizá la risa sea la solución, sí...  ¿No viste Monstruos S.A? ¿No? ... Pues ya te jodí el final...


Y allí, los monstruos le tienen pavor a los niños..... ¿Ves?  Ellos sí que saben...
Aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss, aisss...


Auuuuuuuuu...

http://www.goear.com/listen/ccbceeb/triller-michael-jackson

jueves, 23 de diciembre de 2010

Otra vez la basura. Sí que sé por qué...

La basura ardía lentamente a nuestro lado, en aquel gran agujero entre los anises repletos de caracoles. Mucha humedad, hierba, la carretera sin asfaltar ni horadar. No alcantarillados, campo virgen, huevos de rana debajo del hielo mañanero, entre la hierba del gran charco al otro lado de la carretera.
Más allá del campo de fútbol (inclinado!! manda carallo!!), el monte de eucaliptos, y las ruinas del antiguo cuartel... lleno de fantasmas. No vayáis allí niños, es muy peligroso.... El cuerpo de nuestro último cachorro de pastor alemán enterrado justo enfrente. No vi dónde lo enterró exactamente, pero mi hermano lo dijo: Allí, enfrente del cuartel, en el monte. Ah, vale, le decía mi madre, que le había pedido que lo enterrase lejos, en la maleza del monte, sin que nadie lo viera... Con los fantasmas de los reclutas del cuartel me lo imaginaba jugando... libre de aquellos parásitos intestinales que le habían producido aquella muerte horrible. Aquellos vómitos de sangre. Yo lloraba ante su cuerpo moribundo, intentaba darle agua... pero no podía. Estos cachorros son muy débiles. Hay que tener suerte para que uno te salga para delante. O bastante dinero para permitirse los gastos del veterinario.... Sólo es un perro. Ya traeremos otro....
Así es la vida...
- Mamá papá y el dinero!! - se reía de mi Anita, mi gran amiga de la niñez, mientras la basura ardía a nuestro lado, junto con la viruta y el serrín que catalizaba la combustión de las sobras de nuestro barrio, lo que sobrevivía al reciclaje casero. No nos recogían la basura en aquel mundo aparte de la civilización, durante años hablando de la "urbanización", mientras nosotros viviamos en un paréntesis enorme, en un gueto..., el barrio de los torneros.
Pero todo valía, casi todo era reutilizado, en comederos y bebederos para los animales, macetas para las plantas, la sobras orgánicas eran despachadas por las gallinas, cerdos, gatos, perros, ratones y ratas... también, sí. Millones de roedores y miles de gatos ben mantidos tenían su refugio en la chatarrería, en aquellas enormes pilas de, sobre todo, lavadoras y frigoríficos. Ahora, si todavía existiese aquello, también habría microondas, lavaplatos, en fin, supongo que no habría sitio en todo el barrio para una chatarrería de las dimensiones necesarias para nuestro nuevo estilo de vida. Ni tampoco agujero lo bastante profundo para la nueva basura. Las cosas han cambiado mucho...


- Te digo que los reyes son tres: papá mamá y el dinero. Eres una cría tonta si todavía crees en los reyes magos
La miré sonriendo orgullosa, sabiéndome más sabia que ella.
Me miró inquisitiva e insegura, como si yo supiese algo más que ella no sabía.
- ¿Por qué te sonríes así? - preguntó al fin
- Porque yo sé que lo reyes existen de verdad. Y quien te dijo que eran papá mamá y el dinero es que no tiene ni idea...

Decoración navideña no meu barrio (O Ceo)
E ben bonita que é!!
Felices Fiestas a todos!!

Aunque sean sobre todo para los niños... 
Todos somos un poco niños en Navidad ¿no?

miércoles, 13 de octubre de 2010

Amable hospital


Mami hace un par de años
Así que entré en el hospital. Estuve 3 veces ingresada en mi vida, y siempre en este hospital. La experiencia no fue mala, me trataron bastante bien, incluso muy bien, pero claro, siempre estás deseando marcharte cuanto antes de allí ¿verdad?. Que conste que a mi me encanta que me cuiden y me traigan la comida, y todo eso.... pero.... pronto empiezas a sufrir todas las desventajas, la sensación de encierro, las nostalgias de tus momentos de buena salud, de plenitud, porque también soy muy activa, me gusta hacer ejercicio, saltar, correr, nadar. Soy una mujer de ritmo, y la calma es necesaria, lo sé, pero demasiada calma me cansa pronto...


Ahora no puedo hacer casi nada. Descanso relativo. Estoy muy hinchada, tenemos miedo de la preeclampsia, y de la eclampsia, y del temido síndrome de HELLP... Tenemos miedo papá, el matrón y yo. De momento tengo la tensión como siempre, más bien baja, pero ya me pasó en el anterior embarazo, todo bien hasta que tengo al bebé y luego se me dispara la presión sanguínea y tengo problemas con los análisis....  Sí que me da miedo, la verdad es que estoy un poco nerviosa...


Mami hoy
Y la nena se mueve, se mueve mucho. Y tiene mucho hipo... ¿será normal? Tengo que preguntárselo al matrón... Todavía no se ha colocado... Si tuviesen que interrumpir el embarazo tendrían que hacerme una cesárea. Ahora ya no sacan a bebés de nalgas, y mejor, creo...


Subí por las escaleras, con trabajo, pero, qué caray, que no se diga que no puedo...  Llego a la planta de Toco, donde están los cintos, las salas de dilatación, las de partos, las habitaciones para las parturientas y los bebés. Conozco bien el sitio. Es mi cuarto embarazo. Los abortos también acaban allí.


Me dirijo por el pasillo hasta la ventana del personal de administración, colegas míos, aunque no los conozco... Tampoco doy publicidad a mi relación con la empresa (me da pánico el síndrome del recomendado... ). Además, primaria es diferente de especializada, es "otro rollo".


- Hola
- Dime
- ¿La charla sobre la Versión Cefálica Externa?
- Sí, es ahí, en medio del pasillo verás una puerta que pone sala de reuniones. Te sientas un ratito y ya os salen a buscar.
- Vale. Gracias.
Sonreímos, mientras me entretengo un minuto guardando el papel de la charla. Ella me mira y le leo el pensamiento. "Qué grande está...". Yo suspiro resignada. "Sí, está grande, lo sé..."


La nena pega un salto. Me llevo las manos al vientre y hago una pequeña caricia. "Tranquila, no pasa nada..."


Soy la primera. Llego temprano. Me siento y saco el librito que me llevo para estos casos, sobre embarazadas y tal. No es ningún problema esperar para mi, soy tranquila, y me gusta mirar a la gente...  El pasillo de un hospital es muy ameno....
Aquí sale la primera. Es una niña. La llevan sobre ruedas, en el capazo. Todo es rosa. Qué pequeñita. El papá y la mamá van sonrientes, pero también con una pequeña mueca de preocupación en la cara, parecen no tener ojos para nada más que su niña.... Son jóvenes y probablemente primerizos... ¿Qué pasará cuando lleguen a casa? ¿Podrán cuidar de ella como deben?
El bebé enrosado duerme plácidamente ajeno a todas las dudas que salen de los ojos de papi y mami.  Sí, ya pasó el parto, pero ahora no es momento de descansar para ellos, han de estar muy pendientes del bebé.. ¿Tendrá hambre? ¿frío? ¿quizá calor? ¿Por qué no se mueve ni un ápice? Espera... fíjate... ¿Respira?.. Sí, sí, mira.  Siempre se puede acercar un dedito a la nariz, por si es una ilusión óptica....


Recuerdo lo que nos decía una compañera... "Primerizas.... Cuando llegas al tercero lo tiras en la cuna y ya ni miras para él.... ". La misma que decía que los síntomas de embarazo se adelantaban con el número de ellos. Del tercero, según te levantabas de la cama de follar ya te agarrabas los riñones... jajajaja, e imitaba los andares de una embarazada. Nos reímos mucho con ella, tiene aquel desparpajo y también mucha retranca gallega. De Santiago pero Redondelana de adopción. Allí vive con su Choquito, como le llama ella...


Se había sentado otra embarazada a mi lado. Cuando pasan los primerizos a nuestro lado por el pasillo nos aflora la sonrisa tierna.  Yo me emociono (estoy blandita...), y me vuelvo a tocar la panza... Aissss  "¡Qué ganas tengo de verte mi cielo!" Mi bebé me contesta con otro bote... Miro a mi compañera y noto cierta emoción en su cara también, mientras sigue al trío en su camino hacia el ascensor. Se percata de mi mirada y ambas nos recomponemos y disimulamos...


-¿Estáis para la charla? - nos pregunta otra "en estado"
- Sí, es aquí.


Sigo ganando en panza. Seguramente les llevo unas cuantas semanas, aunque tampoco tantas...
Me siento gorda. Me levanto para darme unos paseos por el pasillo.... Me cuesta ponerme en marcha, pero una vez empiezo consigo cierto ritmo "normal"


Van llegando más gorditas, una casi está como yo... Bueno.


Aparecen también por el pasillo, procedente de la sala de partos, una camilla con una recién parida y su bebé. El papá acompaña. Van tranquilos. Estos no son primerizos, pero están emocionados. Las celadoras también sonríen. Es una planta casi siempre amable esta. Me gusta.
 El reisiño satisfecho...  Y mami también...
Hace 5 años
El bebé llora bastante, con insistencia, pero con un sonido leve, bajito, no es de los gritones (eso es de agradecer).  Recordé el primer llanto del reisiño. Lloraba poco, pero cuando al fin lo hizo de verdad chilló tanto que me pilló desprevenida, al segundo o tercer día de hospital. Según salió de mi vientre no lloraba. Tardó un poquito en salir, con 4 kilos largos y cabezón costó que pasase por mi canal del parto, así que rápido se lo llevaron a un lado para aspirarlo y mirar que todo estuviese bien. Estaba un poco cianótico...
- ¿Por qué no llora? - pregunté enferma de preocupación - ¿Está todo bien? - rogaba por un rápido consuelo en forma de llanto
- Sí, tranquila, ya llorará..-
Había mucha gente pendiente de él. A mi me habían dejado de lado. Eso era lo de menos, yo miraba atenta y seguía rogando para que todo fuese bien de verdad... Por alguna mala razón, se me antojó, había demasiada gente pendiente en mi parto. Quizá también fue porque tocaba cambio de turno...
Cuando ya desesperaba el reisiño protestó un poco, sin apenas llorar. Lo envolvieron a conciencia y encapsulado me lo acercaron. Sólo quedó su carita enmarcada, tan redondita. No tenía la cabeza deformada, a pesar de la ventosa... Era lo más bonito que había visto en mi vida. Lloré feliz. Lloro ahora también...  Se lo llevaron por seguridad, porque había sufrido un poco con un expulsivo demasiado largo. Por el camino lo vieron mi hermana y el Druida, que al pobre lo dejaron en las puertas, vestido de quirófano pero sin poder entrar, desesperado, porque aquello parecía que se complicaba. Escuchaba todo sin poder hacer nada: "¿Dónde están las tijeras? ¡Pero si estaban aquí!.... Pues trae otras, rápido... "
El uso de ventosa y la prohibida maniobra Kristeller justificaba que no dejasen pasar a papá.


 Y aunque me quedé tranquila pensando que nuestro bebé estaba bien, que sólo se lo llevaban por seguridad, sentí una soledad inédita, un vacío literal y un poco inquietante.... ¿Me lo traerían pronto?  Me habían dicho que en un par de horas más o menos...
Estaba cansada, y nos vimos de madrugada esperando en la habitación. Imposible dormir con aquel nido vacío. Le iban a enchufar el biberón de azúcar y luego ya no me cogería la teta.... Yo quería darle de mamar.
A pesar de todo hubo un final feliz... sí. Y me costó la lactancia, pero conseguí mantenerla hasta casi los dos añitos. Es un niño muy sano...


Desperté de ese recuerdo tan vívido con otra entrada de camilla. Cuatro generaciones de mujeres avanzaban por el pasillo. La bisabuela y abuela del bebé hablaban con la celadora mientras mamá y recién se miraban muy cerca, en intimidad, tapaditos por la sábana, ajenos al resto del mundo...
- ¿Entonces usted se acuerda de mi?... ¡pero si hace como 20 años!
- Ah, pero es que yo tengo muy buena memoria - decía la bisabuela, de muy buen ver para ostentar ese título... ¡Parecía tan joven!
- ¿Entonces esta chica es aquel bebé...? - miraban a la recién parida
- Pues sí, claro..
- Yo también me acuerdo de ti - decía la abuela -  que fuiste mi compañera de cuarto hace veinte años, que ya trabajabas aquí, y tuviste también al bebé -
- Sí, sí, si tú también me suenas... pero ¡qué cosas! -
Se perdieron en una habitación mientras celebraban tan particular encuentro....


Todas sonreíamos y nos mirábamos...  Nos interrumpió la de la charla.
- Seguidme por aquí por favor....

miércoles, 24 de marzo de 2010

Como querer Caetanear o que há de bom...

Muchas canciones caben en la banda sonora de mi vida. Canciones especiales.
Esta es una canción que siempre me gustó muchísimo, porque es bella, porque está cargada de energía positiva. Es cálida, sensual, seductora.... y qué más se le puede pedir.


La conocí por su versión más popular, la de The Manhattan Transfer:


Soul Food to go (Sina). Álbum: Brasil (1987)


Sin embargo el autor de la obra es Djavan, un artista brasileiro que me ha gustado mucho. La canción está incluida en su álbum Luz, de 1982.


Vídeo de la canción interpretada por su autor, letra incluida.


Maravillosa la versión de Caetano Veloso, mira que buen rollito se traen....


Sina, Caetano Veloso

lunes, 22 de febrero de 2010

Voluntario y/o Reflejo

¿Ser feliz es un acto voluntario? ¿Es un acto reflejo? ¿Ambas? ¿Ninguna es correcta?
Me parece que es más bien voluntario. A veces pasan cosas que te lo ponen difícil, pero la voluntad se ejercita, y se hace fuerte repitiendo el ejercicio una y otra vez, como si de un músculo se tratase. Y así, cuanto menos lo trabajes, más difícil te lo pones…
Tonificación!!, tienes que chillarte por dentro. Venga! no te dejes vencer! Otros veinte abdominales más!! jaja
Y ser feliz es un poco contagioso. Las perOLYMPUS DIGITAL CAMERAsonas optimistas te ofrecen un influjo positivo que realmente incide en tu forma de ver la vida. Una sonrisa de fuera, generosa, puede ser tu salvación en un momento dado.
También están las tendencias. Claro. La genética. La educación. La familia. Los amigos. Y no es lo mismo vivir en un cuerpo atlético que en uno enclenque, necesitas más voluntad para ser feliz si eres por naturaleza de carácter pesimista… Y quizá sí que sea un acto reflejo para algunas personas lo de ser feliz o infeliz…
Y vivir. Vivir también puede ser un acto reflejo o un acto voluntario. Aquello de pasar la vida o que la vida pase por ti. Vivir y ser vivido. Enterarte de lo que te pasa, a ti y a tu alrededor. ¡Cuántos ni se enteran de la cuarta una mitad! Y nadie se entera de todo. Y así acabamos de nuevo en el tema de las percepciones…
Y siempre habrá quien esté mejor y quien esté peor que tú. Y siempre los habrá mejores y peores. La vida es un devenir de términos medios. Péndulos y ondas que nos rodean. Equilibrios más o menos inestables. Realidades móviles, con el tiempo y el espacio. Verdades que serán mentiras, mentiras que se convierten en verdad….. Pasados y Futuros unidos por un presente inequívoco difícil de percibir en toda su magnitud, por efímero e inestable….
Arenas movedizas.
La insoportable levedad del ser. Existencias antes ni sospechadas y ahora tan presentes y reales. Seres que desaparecen y parece un sueño que hubiesen estado ahí….  Y tu cabeza que se recrea en todas las mentiras de hoy, verdades del ayer, verdades del mañana…
¿Veinte años no es nada?
Se puede aprender a ser feliz, que lo sepáis todos los que no lo sabéis todavía….


Y a veces, 5 minutos lo son todo.



La foto es de hace 30 años. Lo que se ve detrás de mi es el monte de San Pedro, en Coruña. Los que conocen  A Coruña se darán cuenta de lo distinto que se ve…. Ese carro de vacas estaba aparcado enfrente de la casa de nuestro vecino, que reformada y sacando las cortes fue la casa de las chiquilinas….. Pues sí, viví al lado de un burdel…., en plena plaza de Los Rosales de hoy, algún día os contaré… jaja. Ahora hay toboganes y columpios para los niños. Yo recuerdo jugar en aquel carro dando volteretas y haciendo tanto ejercicio como los niños de ahora cuando se enredan en las nuevas atracciones. También teníamos, los niños del barrio, un columpio que recuerdo enorme, con una tablita y dos cuerdas colgando entre dos eucaliptos gigantes. Recuerdo ir a columpiarme por las tardes mientras los gaiteiros ensayaban en aquel claro de monte, cerca de nuestras casas, y yo subía más y más alto. A veces nos daban dos conchas de vieira y nos dejaban tocar con ellos. Aquellas felices tardes de verano, que tan lejos quedan ya…
Por cierto, la foto la sacó mi querida hermana, que fue la fotógrafa oficial de todos los eventos familiares durante mucho tiempo. Es una foto estupenda ¿a que sí?
Había prometido, en la Chousa, publicar una foto vestida de mi primera comunión. Y aquí está. Sen tempo non foi… jajaja

miércoles, 22 de julio de 2009

MaMá

Calcetines impares me esperan. Si consigo sentirme como La Celestina lo haré bien, sin prisas... Uno por uno lo colocaré sobre la esquina de la cama, lo plancharé con la mano y le daré la vuelta si es preciso, luego colocaré el otro encima, puntera con puntera, talón con talón, elástico con elástico, comprobaré el dibujo y el color, el largo y el ancho, volveré a planchar por encima con la hacendosa mano y los doblaré juntos justo por el talón, puntera sobre elástico, y cogeré la pierna de uno de ellos y me las apañaré para meter el conjunto dentro, sin que se desdoble, que quede planito, no hecho un lío, y volveré a planchar, el último toque, el apresto, el almidón especial, siempre con la cálida mano, la mano mañosa, perfeccionista, que deja los calcetines bien doblados, como mami, las manos de mamá.. esas manos...

Las recuerdo calcetando, veloces, uno del derecho, otro del revés, uno del derecho y otro del revés, hasta acabar la vuelta, luego pasa el primer punto sin hacer, para que no haga vuelo, y vuelta a empezar, con ritmo, siempre apretando lo justo: derecho, revés, derecho, revés... Con el dedal zurciendo calcetines, empujando y haciendo zigzaguear la aguja con destreza... no lo olvides: cosedora sin dedal cose poco y cose mal

Las recuerdo lijando las pequeñas piezas de madera en el torno, los dedos enfundados en esparadrapo, para que la lija se comiese la madera y no la carne, con ese halo mágico de polvo en cada toque, con pequeños remolinos antes de precipitarse por el tubo del aspirador.

Ahora las recuerdo haciendo girar la salsa bechamel en la sartén con la cuchara, pof pof pof, ¿ves? ahora que la del borde acompaña en cada vuelta es que ya está a punto. Y luego moldeando las croquetas enharinadas, casi todas igualitas. Yo las rescato del anaranjado baño de huevo en la cuna del tenedor y las meto en el pan rallado, un buen meneíto y listas para la sartén. Mami puede arrimar sus dedos al aceite sin quemarse, porque son las manos de mamá, ella puede toquetear las cacerolas y sartenes al fuego tentando al peligro, como una funambulista de la temperatura, arrima los dedos lo justo, ni más ni menos... Esas manos que saben hacerlo todo: limpian el pescado, despiezan el pollo buscando con el cuchillo el camino adecuado, como si fuera un bisturí, con la precisión de un cirujano, sin romper ni un sólo hueso... ágiles y pacientes, mañosas y templadas, polivalentes, bajo el agua casi hirviendo del grifo, arrancando las malas hierbas de las zanahorias y remolachas o frotando con mimo el infantil pecho con el visvapurú, ya estoy mejor.. sí, mami, mucho mejor... Esas manos: las manos de mamá.
[...]
- Mami, ¿me pones una peli?
- ¿Y qué peli quieres?
- Yo pienso... - pone cara de interesante a la vez que da pequeños toquecitos con su pequeño dedo índice en la tierna carita
- Qué? ¿Pensaste?
- ¿Me ayudas mami?
- ¿A qué quieres que te ayude?
- A pensar
- Pero, cariño, yo no puedo ayudarte a pensar - le digo conmovida
- SiiiÍ - me sonríe divertido
- NooO - le hago los coros
- Que sí mami, mira, así - me coge la mano y escoge mi dedo índice para dar pequeños toquecitos en su moflete desocupado...

miércoles, 11 de marzo de 2009

Hipersensible

Miraba insistente a la pared. Sentada en el respaldo del sofá, destrozado de afilarse las uñas por detrás y tapado con fundas baratas y gastadas, olisqueaba el hueco que había quedado palmo por palmo. Su escenario, su lugar, había sido profanado. Alguien había quitado el cuadro y dejado aquella sombra más clara en la pared sin preguntarle primero. Yo pasaba de un lado para otro observándola de reojo. Entendía su comportamiento, y me contrariaba molestarla así. Estaba moviendo sus cosas sin previo aviso, sin anestesia previa. Sobrenaturales, hipersensibles, los cambios pueden volverlos locos, pueden incluso matarlos. Son animales de costumbres, siguen sus itinerarios de forma idéntica cada vez. Pasaba todos los días por detrás del jarrón, no por delante, por detrás. Repetía día tras día lo mismo, obsesivamente.
Saben si es sábado o domingo, saben cuando toca comer, cuando toca dormir, cuando toca pasear. Saben cuando el sol se refleja en aquel azulejo, en 3, 2, 1, y ahí está para recoger ese mimo caluroso. Saben cuando llegas, cuando tienes ganas de acariciarlo y cuando es mejor hacer mutis. Hipersensibles. Saben que tiempo hace y que tiempo hará. Perciben los campos electromagnéticos, el imán terrestre, y las corrientes telúricas. Hipersensibles a los olores, a los ruidos. ¡Odian las estridencias! ¡pueden llegar a desquiciarlos!. Y son viciosos del calor. ¡Cuántos no habrán muerto encerrados en el horno! El olor a pelo chamuscado en el taller del herrero. Aissss.
Detectan vibraciones... hasta las más mínimas. Ondas y energías: esas almohadillas en sus patitas y esos largos bigotes. Y siempre caen de pie, ese rabo que les sirve para eso. Así es que los siameses (con el rabo torcido por defecto genético) son algo más torpes.
No llevan bien los cambios. Son los típicos animales de las brujas, magos... Es lógico sabiendo lo sensibles que son a todo lo que les rodea. Ellos perciben esas cosas que se nos escapan a los atrofiados humanos, que no miran, que no escuchan. Las personas a veces vemos, otras oímos, incluso ambas, sentimos poco, y sin embargo no callamos, ¡arrogantes!. Silencio. Los gatos son animales silenciosos (salvo cuando copulan o están en celo... como debe ser... ), discretos, sigilosos, observadores, reflexivos. Descansan y duermen mucho porque sería insufrible tener tantas horas de vigilia hipersensible. Y por eso es necesario que todo sea igual día tras día, todo lo que se pueda, pues lo demás saltará como una liebre y les obligará a prestar atención.
"Ese cambio que me está matando.
¿Por qué me han sacado el cuadro de las olas de aquí? No huele, no está. Mi realidad hecha añicos."
Obsesivamente olisqueaba la pared palmo por palmo. Pero lo peor estaba por llegar. Nos mudábamos. Adiós Madrid. Hola otra vez, miña terra galega.

sábado, 13 de diciembre de 2008

El buzo rojo de mamá

Fíjate qué guapo está.

Y cómo disfruta de la nieve, ahora empieza a cogerle el gusto...
Sí, al principio estaba un poco perdido. Está fría, y moja si la tienes un rato en al mano. Y cruje cuando la pisas. ¡Y qué carita se le quedó cuando le cayó en la cara esa nieve del árbol! jajajaja. Pobre...
Sí que está guapo, con ese traje rojo para la nieve de su mamá... Es increíble, con más de treinta años que tiene, de cuando ella tenía su edad... 3 añitos.
Es que en Alemania hacen las cosas muy bien.
Sí, tecnología textil alemana... jajajaja. Parece un astronauta! jajajaja
Sí. La abuela trabajaba en una fábrica de calcetines y medias. Parece salido de un chiste: ¿el colmo de una mujer que trabaja tejiendo calcetines?...
Cual...
Pues que su hija siempre tenga los pies fríos.
Pues es cierto... jajaja.
Y es que en Alemania nieva bastante, y más en la Selva Negra, donde yo nací y pasé mis primeros 3 añitos.
¡Pues vaya nombre! La Selva Negra.... aissss. No me extraña que salieras un poco salvaje...
Sí, jajaja.
Pues si nieva tanto debería llamarse Selva Blanca... ¿no?
¿Por qué se llamará Selva Negra?
Eu que sei! Ó mellor miro.
Sí, sí... investiga.
Fotos: O reisiño na neve no monte de A Cañiza hai 15 días e mami co mesmo buzo vermello no coliño da avoa, Alemania, hai uns 35 anos.

lunes, 6 de octubre de 2008

Superviviendo: Please, Tell me Who I Am

Cuando era pequeña me imaginaba muy distinta.
Los niños tienen el sentido egocéntrico muy desarrollado. Supongo que es una cuestión de supervivencia. Supervivir, más que sobrevivir... Superviven para aprender lo más deprisa posible las reglas de este mundo de seres vivos. Mantenerse vivo y a salvo, ese es el instinto primario básico, supongo yo. Supermira, superoye, superanaliza si lo que te llega por los sentidos te afecta a tí, si te vale o no... Todo gira a tu alrededor.
En este "primer mundo" la humanidad es inmadura, por suerte del destino vital, así que no cuesta ponerse en el lugar de un niño, digamos que el ejercicio es simple.
Parece que mantenerse vivo y a salvo no es, en general, ninguna complicación por aquí, de modo que se buscan otras necesidades y se satisfacen para hacer de la vida un lecho de felicidad y bienestar.
¿Sabemos quiénes somos?
"Cuando era pequeña me imaginaba muy distinta". Eso empecé escribiendo.
Tenía una imagen de mi misma muy diferente de la que me devolvía el espejo.
"¿Quién soy?" Me pregunto desde que tengo uso de razón. Reconozco que debo ser especialmente inmadura pues esa pregunta, tan egocéntrica, tan especialmente subjetiva, me persigue desde siempre... Esa es mi pregunta vital.
Todavía hoy, aunque me he aprendido mis principales rasgos de memoria, y casi los tengo encajados y me congratulo con mis permanentes y ocasionales virtudes (algunas hay) y me resigno con mis obstinados defectos (algunos también hay), me sorprendo con mi reflejo, con las sombras que proyecto, con lo que los demás dicen que soy yo.
Anteayer me sentí de nuevo una extraña viajando en un cascarón orgánico con sus cinco sentidos en pleno funcionamiento. Y un sexto, la conciencia de estar dentro de un especialísimo vehículo que todavía hoy, después de 37 años, guarda muchos secretos y sorpresas para mí.
¿Soy yo?...
I know it sounds absurd
But please tell me who I am.
Superviviendo con Supertramp.

jueves, 28 de agosto de 2008

El silencio de los pollos

La casa donde me crie estaba muy cerca de un matadero de pollos. El olor de aquel lugar era repulsivo. La máquina donde eran sacrificados los animales, ya vacía, pero girando todavía, resultaba espeluznante de ver, con aquellas extrañas perchas metálicas donde no costaba mucho adivinar como irían colgados los animales para ser desangrados, pelados y destripados en aquel monstruo de macabro parque de atracciones avícola. Toda la nave era baldeada, pero a pesar de los litros y litros de agua que se usaban para limpiar, el olor persistía.
Las mujeres (sí, sólo había mujeres en aquellas mesas enormes), embuzadas de pies a cabeza con gruesos delantales de plástico y guantes y botas altas de goma, cubiertas sus bocas con mascarillas que no les impedían cotillear a grito pelado, cogían y despedazaban aquellos bichos ya sin plumas pero todavía calientes, y separaban higadillos y mollejas, alas para una caja, contramuslos y muslos también separados, las pechugas aparte. Los ejemplares que se salvaban completos, eran retirados a las enormes cámaras frigoríficas en espera del camión para el reparto.
Yo llegaba el sábado de once a doce. Cuando me retrasaba ya no había mujeres trabajando, sólo el olor, el agua por todos lados y la máquina inmóvil, con los sujetapollos meciéndose en una cadena que se hacía casi interminable. Entraba tímidamente, pues a pesar de las veces que había ido no conseguía no sentirme amedrentada en aquel lugar. Me sabía muy bien lo que tenía que decir, pues mi madre se esmeró en que me lo aprendiese al dedillo, para evitarse problemas: "Dos pollos, por favor, que sean medianos.. y frescos".
El encargado me miraba siempre con cara divertida, a pesar de la seriedad que intentaba yo inculcar en la representación teatral y que sólo me hacía parecer una niña revieja. "Que no te engañen hija mía", me había dicho mi madre. Muchas veces tenía que acompañarlo más allá de la entrada, hacia las cámaras, donde parecía entretenerse en escoger dos de los mejores, para que pesasen algo más del par de kilos la pareja. Luego los ponía en una de la balanzas, vigilado muy de cerca por mis desconfiados pero sobre todo curiosos ojos, los envolvía en un cartón grueso y me los metía en una bolsa que yo llevaba preparada, pues allí no tenían. Luego apuntaba el peso en otro trozo de cartón y me enviaba a las oficinas, con entrada aparte, donde me sentía casi más intimidada. Creo que era el olor, había un contraste tan abrupto que era imposible no darse cuenta. Aquella oficina olía más fuerte que el matadero. No era desagradable, una mezcla de papeles, máquinas de escribir, perfume de los escribientes y contables, no recuerdo ningún ordenador!!, oficinistas al fin. Siendo trabajadores de la misma empresa era evidente que eran "de otra clase". Estaban separados físicamente y olían muy diferente. Supongo que eso era lo que me intimidaba. Con algunos años de ensayo la más antigua del lugar consiguió ofrecerme una sonrisa de cortesía cuando entraba allí con mi bolsa y mi cartoncito demandando la cuenta. Tecleaba con destreza aquella pequeña expendedora de tickets que hacía un ruido adorable. Me hubiese encantado jugar con ella, aquel chapoteo de teclas que siempre conseguía hipnotizarme brevemente, por no hablar del rodillo que hacía girar el papel que con magia escupía. Deseaba que se equivocase para que tuviese que repetir la cuenta.
Era otro abrupto contraste: el monstruo de la nave Vs la pequeña y encantadora calculadora-expendedora de tickets...

Todos los domingos se comía pollo asado en mi casa. Con puré de patata o spaguetti. Pero esa, ya es otra historia...



Cada vez me divierto más buscando bandas sonoras que amenicen mis entradas. Esta es una estupenda parodia, de un tema de los Talking Heads del año 1977, poco antes de que fuese a buscar mi primer par de pollos al matadero...
Y esta es la versión original:


Si alguien conserva alguna macabra curiosidad sobre cómo se mata a los pollos puede leer esta interesante entrevista a un matarife de pollos.

sábado, 19 de julio de 2008

No somos nada


No somos nada.
Antes de abrir los ojos noto la boca pastosa, con sabor metálico.. y ese dolor... Bajaré a por un nolotil.
Enseguida recordé la sensación de las tenazas agarrando la pieza y mi cuerpo tensado al límite y sin embargo entregado. Por Dios.. termina de una vez, rogaba para mis adentros.

No quería meterle prisa, no quería que se rompiese y aquella pesadilla fuese más allá. Pero tampoco podía evitar sudar y sufrir visiblemente, así que, sin querer, lo apremié para que acabase con aquel suplicio.

Intuía que aquella vez sería peor que la primera. Él es un compañero, majo. Hasta me había permitido un inocente tonteo cuando me venía a preguntar por el listado del día:
- ¿Cómo estoy hoy?
Yo lo había mirado de arriba abajo con media sonrisa y le había contestado:
- Yo te veo bien...
Así que cuando subí a su reino me devolvió la complicidad para sacarme parte del miedo que llevaba: - ¿Preparada?. Pues venga.. túmbate y entrégate

- No te diré que ha sido un placer... pero ha estado muy bien. Gracias - le había dicho al final.

Pero claro, aquella sólo tenía dos raíces. Esta tenía cuatro largas raíces.

Después del analgésico volví a la cama. Mientras no me hacía efecto recordé el día que fui consciente de que en esta vida, no todo tiene arreglo, que mi cuerpo era corruptible y que no siempre se regeneraría. Un día, yo, me moriría.
La primera ficha de aquel dominó de ideas la había tirado mi hermana cuando me dijo que aquellos dientes eran los definitivos y que si estaban picados, si me los sacaban, ya no tendría otros nuevos... Se habría acabado. Quería que me los lavase y yo me encerré en el baño y con el cepillo en la boca lloré amargamente por el principio del fin, en aquellos tempranos años de inconsciencia vital y de supina inocencia.

No somos nada.

Me he hecho mayor y consciente de que ahora sí, ahora debo cuidar mi cuerpo si quiero disfrutar de él y no sufrirlo... No me vaya a despistar. No sé si acabé con la supina inocencia, quizá sólo deba sacarle el epíteto, pero soy consciente de la vida y de su fragilidad.
No sé por qué me chupaba las sangre de las heridas y les sacaba la costra cuando era pequeña. No tenía ningún respeto por mi físico, que a pesar del maltrato lucía estupendo. Conozco muy bien el sabor de mi sangre, aunque ahora ya no lo haga. Era un poco salvaje. Los animales también se lamen las heridas. Al parecer la saliva es antiséptica. Quizá los niños tengan otra clase de sabiduría.
http://www.goear.com/listen/aedd684/yo-que-soy-tan-guapa-la-cabra-mecanica

martes, 3 de junio de 2008

¿Con el TiEmPo a favor?

Coge la pequeña pieza de madera, encájala en el hueco con el agujero hacia arriba, coge el taco, abócalo, coge el martillo y golpea suavemente pero con decisión. Uno.
Coge la pequeña pieza de madera, encájala en el hueco con el agujero hacia arriba, coge el taco, abócalo, coge el martillo y golpea suavemente pero con decisión. Dos.
Coge la pequeña pieza de madera, encájala en el hueco con el agujero hacia arriba, coge el taco, abócalo, coge el martillo y golpea suavemente pero con decisión. Tres.

- ¿Lo has visto no?. Venga, ahora tú - se hace a un lado para dejarme el sitio.

- Cojo la pequeña pieza de madera, la encajo en el hueco con el agujero hacia arriba, cojo el taco, lo aboco, cojo el martillo y golpeo suavemente pero con decisión. Cuatro.

- ¡Eh! ¡Ese es tu número uno! ¡los otros los he hecho yo!!!
- VAaaale. Uno.- le digo algo contrariada - ¿Son todos esos? -
- Sí, ese bidón lleno y aquel de allí abajo - me dice mientras nota que se me cae el alma al suelo - Con una media sonrisa añade: - Tienes más tacos allí si necesitas, que necesitarás, seguro...

- ¡Son miles!- le digo

- Son cinco miles para ser exactos. Bueno, cuanto antes empieces....

Me deja sola en el banco de trabajo con todos aquellos tiradores sin tope.
Empiezo sin demora. Despierto mi sentido optimista y me digo que, seguramente, en cuanto le coja la mano, me los ventilo rápido.

Cojo la pequeña pieza de madera, la encajo en el hueco con el agujero hacia arriba, cojo el taco, lo aboco, cojo el martillo y golpeo suavemente pero con decisión. Dos.
Cojo la pequeña pieza de madera, la encajo en el hueco con el agujero hacia arriba, cojo el taco, lo aboco, cojo el martillo y golpeo suavemente pero con decisión. Tres.
Cojo la pequeña pieza de madera, la encajo en el hueco con el agujero hacia arriba, cojo el taco, lo aboco, cojo el martillo y golpeo suavemente pero con decisión. Cuatro.

Esto no puede ser, así no hay sentido optimista que se mantenga alerta...

Una hora después:

- Qué.. Cómo va eso - me pregunta mientras se acerca a interesarse
- Bien - le digo convencida y orgullosa.
- Muy bien diría yo, ¿cómo consigues ir tan rápido? -
- Hay que administrar el tiempo - le digo con media sonrisa - Mira:

Cojo pieza y taco (tengo dos manos), aboco con una ligera presión. Uno.
Cojo pieza y taco, aboco con una ligera presión. Dos.
Cojo pieza y taco, aboco con una ligera presión. Tres.
Cuando tengo una docena cojo el martillo (una sola vez) y los paso en un pis pas...

- ¿Que te parece? -
Mi hermano me mira sonriente y admirado.
La sensación de haber ganado una pequeña batalla en esta guerra contra el tiempo me llena de esperanza... (¡Qué quereis! ¡Todavía era tan niña!...).

- Siiii.. jajaja - me anima mi hermano mayor con su mano en mi hombro - Ya sólo te queda 4/5 de bidón, y otro más..
- Aisssssss -


Y aun me quedaba tanto por aprender...
¡Y lo que me queda!

¿Una canción?

lunes, 5 de mayo de 2008

madres, AbuElaS, BIsaBUElaS, TATARABUELAS...

- Era guapísima - repetía una y otra vez - ¿verdad papá? -
- Sí, era muy guapa - le contestaba el bisabuelo del niño, el padre de mi suegra.
Yo miraba a la tatarabuela, y mi suegra me miraba a mí, intentando sacar algo en claro de mi expresión aparentemente ensimismada.
Desde el retrato de familia que colgaba de la pared en la salita -una grosera ampliación de una foto de la primera comunión de uno de los descendientes- la tatarabuela del niño me miraba a través de unas gafas de pasta oscura, nada favorecedoras, con su mano sobre el hombro del chico, sonriendo muy levemente con el sempiterno traje negro de las abuelas del rural, el pelo cano recogido en un moño, delgada y con el rostro enjuto.
No podía dejar de escudriñar buscando pistas en su rostro requemado del sol del campo, pistas de la historia de aquella mujer, madre ante todo, madres sobre todo, Matriarcas en estas tierras de matriarcado. El trabajo para ellas, el peso de los hijos (ay... ¡tantos hijos!), todo suyo.

- Una vez estuvo sachando la finca toda una jornada y al llegar a casa, al final de la tarde, dió a luz a un par de gemelos - decía el abuelo orgulloso.
- ¿Tú y tu hermano? - preguntó mi cuñada, su nieta.
- No, esa vez fueron Maruja y Manolo -

Aquello no era civilizado, pensaba para mí, "dieciseis hijos", resonaba en mi cabeza, hipnotizada por aquella heroína del pasado, y recordando a mi propia abuela materna, que también rondó la docena, mientras mi suegra seguía en sus trece, pensando sin duda en la rareza de su nuera:
- Era muy guapa ¿verdad?, y el tatarabuelo también -
- Sí, dicen que yo era el que más me parecía a él - le contestaba el bisabuelo con su media sonrisa de coquetería.

Me sentí un poco cobarde y también un poco niña... ¿Cómo me felicitan a mí por ser madre?. Yo no lo merezco. Mi gran regalo es mi reisiño, tan listo, tan guapo, tan bueno, tan mimado... ¡Cuando pienso en traer un hermanito al mundo todo parece tan complicado!.
¡¡Un tataranieto más!! ¿Dña Pepa se alegraría?. Seguro que sí, y seguro que me miraría con la misma incomprensión, ¡quizá más!, que mi suegra.

Ayssss. La civilización nos ha vuelto cobardes... e inmaduros también.

Una risotada de mi niño me despertó del trance, estaba jugando a las cosquillas con papá. Le comí la barriguita para que me regalase una nueva, sólo para mí... Al fin y al cabo, ¡era el día de la madre!
Foto: Candelaria Campos, mujer de 116 años. Podría ser mi bisabuela, que murió en la cama, según cuentan, hilando y fumando...

martes, 22 de abril de 2008

ENCUENTROS en la oscura mañana

Era un día de invierno, corto, así que madrugando como yo para entrar en el instituto a las 8 todavía era noche cerrada. Como ya conté alguna vez yo vivía en los Rosales, en aquellos tiempos en los que no había microondas, y la leche se calentaba en el cazo de siempre, blanco con cuadritos rojos y negros por fuera, encima del hornillo de gas de la cocina nueva, al lado de la vieja, la bilbaína, la de leña... No podías descuidarte, cuando empezaba a hacer ruido era demasiado tarde, la leche estaba muy caliente, y llegaría tarde porque me demoraría en tomar mi colacao con pan migado, (la historia de mi vida, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas: llego tarde.. llego tarde.. llego tarde. Ecos de ayer hoy y siempre), así que metía la puntita del dedo meñique lo justo para comprobar la temperatura del líquido, era infalible como termómetro.

Mi hermano me vió salir y se ofreció para llevarme con la furgo, ¡estaba tan oscuro!. Yo le dije que no, incluso me apetecía meterme en aquella oscuridad. Por aquel entonces Los Rosales eran cuatro casas levantadas en medio del monte, con calles sin asfaltar y sin alcantarillados, con pequeños y grandes charcos que se congelaban en invierno y se llenaban de renacuajos y luego ranas en Primavera, haciendo las delicias de los más jóvenes del lugar (yo entre ellos). La oscuridad siempre fue atrayente para mí, sin embargo, cuando me alejé lo suficiente del aura de las casas empecé a arrepentirme un poco de mi osada decisión. ¡Era una mañana tan oscura!. Se me hacía tarde, ya no podía dar marcha atrás, pronto sonaría la sirena de Peteiro y yo tenía que estar lejos de allí, en la civilización, a unos 10 minutos más allá siempre a paso ligero, casi corriendo, con la ciudad despertando y las farolas iluminando, y los coches circulando, a salvo de aquella oscuridad. Apreté el paso y mis ojos se fueron acostumbrando a aquellas tinieblas que me permitían avanzar a duras penas, casi de memoria por aquella pista tan recorrida por mí desde que tuve uso, o quizá desuso, de razón.

Varios caminos confluían en aquel principal, que aunque era principal, estaba desierto: sólo yo caminaba por allí. Entonces ocurrió algo que sólo duró unos minutos, aunque a mi me pareció una eternidad. De uno de aquellos caminos salió una figura a unos cuantos metros, los justos para poder distinguirla entre las tinieblas. Oscurísima, avanzaba decidida hacia mí, se cruzaría conmigo en muy poco tiempo, ya que yo también caminaba deprisa. Me asusté un poco, pues era siniestra: no llovía, pero se abrigaba con una prenda oscura con capucha sobre su cabeza, imposible saber si era hombre o mujer. Tenía mediana estatura y, ¡Oh, Dios Mío! ¡lleva algo extraño en su mano!. Intento disimular que no puedo sacar la vista del personaje, y aunque mi cabeza apunta hacia delante, mis ojos miran fijamente para vigilar sus movimientos. Me siento tentada a salir corriendo en sentido contrario, pero mantengo la compostura: "nena, todo tiene una explicación... llegas tarde... avanza y todo pasará como en un mal sueño". Así que sigo caminando decidida. La figura se acerca cada vez más, en vez de seguir en una paralela diría que la línea de su trayectoria se acaba justo en mi persona. Ays, no puede ser que me esté pasando esto, empiezo a asustarme cada vez más considerando la opción de que finalmente decidiese atacarme. El objeto de su mano estaba muy claro ya: ¡era una fouciña! (esto es: una HOZ). ¡La esgrimía con tal destreza y decisión que se diría que tenía el blanco a la vista!.......
El corazón me salía por la boca. Apenas a unos centímetros, la vecina con la fouciña en la mano me espetó: ¡Buenos días!.
"Hola" acerté a decir con un hilillo de voz, y me eché a correr dirección al instituto: ¡llegaba tarde!. Pero más vale tarde.....

sábado, 29 de marzo de 2008

SONIDOS FANTASTICOS


¿No escuchais el agua de este torrente?
Dentro de nuestra banda sonora vital están todos esos sonidos fantásticos. Fantásticos porque forman parte de los fantasmas del pasado, tan presentes en nuestros recuerdos. Y serán parte de los fantasmas del futuro, los que pueblan hoy nuestra vida..
Algunos todavía se pueden escuchar hoy en día, como la Torre de Hércules, vigía de mis jóvenes sueños y de los de muchos más. Otros, son sólo ecos particulares en mi cabeza, como el sutilísimo y personal ruidito que hacía el cristal de la ventana de la habitación de mi adolescencia, de esa casa que ya no existe, ese ligero vibrar tan peculiar e irrepetible, de forma que podía saber, sólo por su sonido, quien era el que subía las escaleras de casa, perturbando así mi intimidad, husmeando lo que hacía... quizá tendría que estar estudiando, ¿acaso no lo hacía?. También el sonido de la puerta del taller de tornería que había en el bajo, el negocio familiar.. El sonido de las máquinas, incluso del interruptor general de la corriente, ese clak sonoro que se escuchaba cada tarde después de las ocho y cada mañana al filo de las ocho. De entre todas las máquinas destacaba el omnipresente aspirador industrial, encerrado en una caseta de madera con algo de aislante, y aun así siempre de fondo...
Los tornos tenían cada uno su sonido que recuerdo perfectísimamente. Sabía en qué piezas estaban trabajando sólo escuchando un poco: para los plafones usaban el que vaciaba la madera y convertía en sinuosas aquellas aristas vivas que dejaba la sierra de cinta. La forma rectangular de las piezas que encoladas componían los aros se convertía entonces en un vago recuerdo. Producía un sonido "in crescendo" y finalmente parecía como si fuese a estallar la pieza en mil pedazos, pero sólo se consumía en virutas, como serpentinas en día de fiesta, salían calentitas despedidas en parábolas perfectas hasta caer sobre el perro, que dormitaba feliz sin dejar de abrir levemente un ojo cada vez que se acababa un plafón, para ver si al fin se rompía.. pero no, era otra falsa alarma... Cuando ya sólo se le veía un poco el hocico, se levantaba y se sacudía perezoso, giraba un par de veces sobre sí mismo preparando la cama y vuelta a empezar.

Y el vecino que pasaba silbando bajo la ventana, siempre silbando, sin importar qué.. siempre sonriendo bajo su mostacho cada vez que se tomaba un descanso en la tonada del día. No hace mucho lo ví de nuevo, estando de visita en Coruña, con su pelo blanco, ya jubilado.. y caminando por la calle urbana, porque ahora el barrio es una enorme urbanización donde ya no están ni mi casa ni la suya de entonces.. y sí.. aún así iba silvando. Tuve que sonreír al escucharlo.. ¡tantos recuerdos me traía aquel sonido!.

La sirena de Peteiro, la gran fábrica de maderas, que acumulaba enormes troncos, de un grosor considerable. Amontonados dejaban espacio suficiente para que los niños jugásemos a trepar por ellos e incluso a meternos debajo, ajenos al peligro.. La sirena sonaba al menos cuatro veces al día (quizá lo sigue haciendo), y su sonido invadía todo el barrio y todos sabíamos la hora que era: las 7:55, las 8:00, las 14:55 o las 15:00. Estas dos últimas fueron muy importantes en la época en la que iba a la escuela, pues estaba a unos 5 minutos y aquello era la cuenta atrás...
Y mis vecinas y amigas del barrio, Anita, que venía a buscarme siempre para ir juntas al cole, y chillaba desde la calle mi nombre hasta que bajaba.. siempre tarde.. agsss.

Sí que son muchos los sonidos fantásticos que pueblan mis recuerdos.

Y ahora son todos muy diferentes, e intento prestar atención para no olvidarlos, y, además, ya que tengo algo de tecnología a mi alcance, procuro guardarlos especialmente..




El teléfono de mi trabajo: tinoninoní.. tinoninoní.. tinoninoní........


miércoles, 13 de febrero de 2008

Seguimos caminando juntos...

Fué un domingo por la mañana. Mi sobrina nunca había chateado y yo la metí en un chat y le expliqué como iba el tema. Ella pronto se aburrió, yo me divertía, aunque lo encontraba de lo más trivial: conversaciones del todo insulsas, y, a veces, hasta medio groseras. Las típicas preguntas de rigor: cuántos años... de dónde eres... descríbete en pocas palabras... A veces un poco de trivialidad y vulgaridad es divertido.
No recuerdo haber dicho nada lo bastante interesante para llamar su atención, salvo una mínima y hasta un poco agreste conversación sobre la rivalidad Vigo-Coruña, pues él era gallego de Vigo, y yo gallega de Coruña..... jaja. Dáme tu dirección y te mando una foto. Así empezó todo. Y ahora miro a mi niño y me pregunto si existen las casualidades, el destino.. y todas esas cosas.
Fue totalmente casual que me metiese esa misma mañana en ese mismo chat para conocer al hombre que sería el padre de mi hijo. La persona más importante en mi vida se me cruzó de la forma más casual... ¿o no?.
De repente, y después del primer e-mail que me mandó con un par de fotos guapísimas de su persona (tanto que me dió que sospechar), me ví inmersa en una nube de atontamiento que tenía olvidada desde hacía mucho tiempo. Tantas atenciones para mí, que no estaba buscando nada salvo un poco de entretenimiento del más simple. Eso era él: atento, guapo, listo (escribía muy bien).. quizá un poco joven, pero con mucha experiencia (me explicaba.. jajaja), como si quisiera convencerme.. pero no, él tampoco estaba buscando... jajajaja. Pues para no buscarnos el encuentro sonó fuerte. Si ya lo dice algún refrán: el que mejor encuentra es el que no busca, o algo asín..
Una semana más tarde, y cientos de e-mails después llenos de vida e historias, él, que nunca había visto una foto mía, me dijo que me amaba... Una locura. Aquello era una locura. ¿Qué me estaba pasando? ¡podría ser un maníaco! No, un maníaco no... ¿o sí? Aisss, ¡qué más da!, ¡me arriesgaré!, no puedo dejar que pase de largo, no quiero rechazarlo, yo.. también lo quiero, sí, tiene que ser.. ¿pero qué coño me está pasando?. Esos ecos tenía yo en la cabeza mientras ojeaba cuadernillos de casas rurales para el fin de semana de la Gran Cita.
Nadie lo sabía salvo mis dos sobrinas y una amiga, cómplices y miedosas: no te olvides de llamar.. y déjame la dirección y el teléfono bien claritos... Estás loca (decían para sí más bajito), aunque también me dedicaban una sonrisa conforme, pues hacía tiempo que no me veían tan feliz... e ilusionada.
Gran detallista, siempre con un regalo para mí.. Yo no lo soy tanto. Sus primeros regalos fueron: unas botas de montaña, un corazón lleno de bombones (que me enfadó mucho recibir... si es que soy un poco rara..) y también un perro de peluche, Rufus, que me regaló en mi primer cumpleaños después de nuestro encuentro. Desde luego, lo más romántico y significativo para mí fueron las botas de montaña, que todavía conservo (no, no son las que perdí.. jajajaja, esas vinieron luego). En la caja en que venían guardo los cientos de e-mails que nos mandamos, fieles testigos de aquella preciosa historia que fue nuestro encuentro.
Ayer mi niño, cuando llegué a casa de trabajar, me recibió con un paquete en la mano y aleccionado por su padre me lo entregó con un "felis savalentínn mamá.... ábelo, ábelo, ábelo... " Papá le decía "muy bien cariño.. muy bien.. " mientras me miraba sonriente....
Eran unas deportivas blancas y doradas. Bien calzada para seguir caminando juntos....
A veces creo que no me merezco todo lo que tengo.

martes, 29 de enero de 2008

Cuando fui pez


Me metí en la bañera y corrí la cortina de fina tela impermeable que protege el baño de salpicaduras, pero que, sobre todo, me proporciona intimidad, ansiada y placentera intimidad. La soledad en la bañera es uno de mis mayores placeres. Yo y mi ducha, agua caliente en muchas gotas, una dos tres, un ciento, miles, millones, un río, dos tres, un ciento de riachuelos calientes que surcan mi piel, buscando viejos cauces sobre mi desnudo cuerpo, agradecido por la cálida conquista de toda esa agua hecha jirones por mi presencia. Me hago un traje con ellos, mágicas vestiduras que recorren todos mis valles, todas mis cuencas, todas mis redondeces, y me arrancan todos mis secretos... Tantos amantes para mí sola, que me colman y me hacen sucumbir, entregada al placer máximo de la caricia y el mimo... El conocimiento que muestra el agua de mi cuerpo es tan profundo que me hace pensar en mis vidas anteriores, en el comienzo de todo.. allí, en el agua, en casa.. ¿dónde si no podría ser?. He dejado de respirar, mis dedos interrogan detrás de mis orejas.. ¿dónde están mis branquias?, ¿cuándo salí del agua?, ¿cuándo me hice mujer?, ¿cuándo dejé de ser pez?. Cómo voy a acordarme... sólo en sueños. Cada día peor memoria, volver al principio, volver a ser pez, no sirena, no... PEZ.

jueves, 24 de enero de 2008

Mis pecados: SOBERBIA

- Dime mamá, ¿tú sabes qué es soberbia?-
pregunté yo, un tanto curiosa.
- Pecado capital, como la envidia-
contestó mi madre, religiosa.

-Pero, ¿padezco yo ese mal?-
le insistí recelosa
-pecar más me iría fatal,
¡ya soy algo perezosa!-

Mi madre me miró
pensativa un momento,
y más tarde suspiró
y me dijo con lamento:

-Pues lo cierto es que sí,
pero no sufras por ello,
yo soberbia también fui,
más el tiempo curó aquello-

Y al principio quedó así,
pero yo, algo pesada,
a mi madre perseguí
y le dije acalorada:

- ¡Pero Don José me ha dicho
que me puedo morir mañana,
y que si soy un mal bicho,
aL INFIERNO IRÉ, por pagana!-

Mi madre el gesto arrugó
preguntando arrebatada
- ¿¡Don José te contó
esa gilipollada!?-

Yo le dije que sí,
y ella malhumorada,
empezó a decir así
algo preocupada:

- Escoge bien el camino
y si has de frenar tu paso
búscate un buen motivo,
¡nunca por miedo!, ¡ni un rato!

Desde entonces aprendí,
que del miedo te has de zafar,
y a la evidencia me rendí:
¡qué bueno es a veces pecar!
Dibujo al pastel de mi tragicómica niña, representando a la madre naturaleza. Yo le llamo El Árbol del Bien y del Mal.