Me asusté un poco. Aquellas gotitas frías en la cara me sobresaltaron, pero enseguida se uniformó la temperatura, ellas se calentaron un poco y mi piel se enfrió. A medio camino me sentí cómoda, y hasta quise repetir... Esta vez fueron más, y más grandes, me lamí los labios y me sentí salada. Me acerqué más todavía, así que me empapé. Ya no estaba fría, y lo deseé con ahínco... Como toreando lo animé, animé al mar bravo a arrimarse todavía más a mí, a confundirse brevemente conmigo, a tocarme y contagiarme su bravura. Éje! Éje! lo provocaba cámara en mano, adelantando el cuerpo y dándole la cara a aquella titánica masa líquida, esgrimiendo la máquina como mínimo escudo. El turquesa, por momentos gris y azulado, accedió a mis deseos y me lanzó una espumosa embestida.... ¡y se llevó mi estoque! esto es ¡mi preciada cámara! ¡no fuese que publicase mi victoria! El muy bravo: ¡Me quería y no pudo tenerme!
¿Cómo que no? ¿Creéis que no fue así?
A quién quiero engañar, probablemente tenéis razón, quizá no era yo quien lo provocaba. Debió ser ella: la máquina. ¿Y si le robaba el alma? El mar había escuchado historias terribles en otros lares: ya sabéis que llega casi a todas partes.
Y puede que sí, que así fuese, que quisiera robarle el alma en una foto.
Lo confieso, a veces he deseado que se quedase a vivir en mi piel... Pero la sal nos reseca: no estamos preparados para esa intensidad.
¿Y cuando el Titán no llega a algún lugar? Entonces, ay, entonces... utiliza nuestros corazones como medio de transporte.
Y quién se resiste al mar...
¿Y cuando el Titán no llega a algún lugar? Entonces, ay, entonces... utiliza nuestros corazones como medio de transporte.
Y quién se resiste al mar...
http://www.goear.com/listen/d02fe9d/cuando-el-mar-te-tenga-el-ultimo-de-la-fila
La foto es de mi hermano, que está hecho todo un artista-torero. Y detrás de la espuma, la Torre de Hércules, vigía y amante del mar, como quisieran ser todos los coruñeses.
La foto es de mi hermano, que está hecho todo un artista-torero. Y detrás de la espuma, la Torre de Hércules, vigía y amante del mar, como quisieran ser todos los coruñeses.

