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viernes, 29 de mayo de 2009

Estas estúpidas ansias de arreglar el mundo

Mira el suelo. Ha entrado agua hasta el pasillo.
¿Pero por dónde?
No sé. Voy a limpiarla.
Fuera llueve. La ventana no parece rota. ¿De dónde viene toda esta agua?
Ya no llueve. Ahora estoy limpiando las esquinas del techo. Telarañas y polvo.
Mira, pajarillos. El salón está lleno de pajarillos. Los cojo en mis manos con cuidado. Se dejan coger, aunque también se revuelven un poco cuando se sienten atrapados. Abro la ventana para dejarlos ir. Uno. Dos. Tres.
Mi gente me mira extrañamente... como si fuese una heroína, capaz de coger pajarillos y salvarlos. Pero no hay mérito... ellos se dejan coger.
Y ahí está el tipo ese. Es un vendedor, disfrazado de buen samaritano. Talentoso charlatán. Pobre, tiene que ganarse la vida. Pero no puede quedarse a solas en casa con el pretexto de hacer un ambiente más agradable... jajaja, como en el programa ese que te hacen una casa nueva... No.
Pues díselo.
Eso haré.
Oiga, no vaya a pensar que lo vamos a dejar aquí a solas... (no se acaba de creer que me atreviese a decírselo, me mira sorprendido... No esperaba verme tan resuelta. Yo siempre dudo)
Bueno, entonces déjame que te enseñe el catálogo de productos.
(Mi chico me mira con cara de fastidio)
De algo tiene que vivir la gente: podríamos comprarle la almohada ya que no podemos permitirnos el colchón.
Está bien, pero la usarás tú.
Pero la tuya está hecha polvo, deberías cambiarla. Cualquier día le salen patas, o los ácaros se la llevan a rastro.
No pienso cambiar la almohada. Sabes que no me acostumbro. Esta la tengo domada.
La tienes algo más que domada. Pero vale, yo me la quedo.

martes, 10 de marzo de 2009

Contexto y a lo loco

No me veo. No soy la reunión de mis partes. Ni siquiera en la misma foto puedo verme. No me reconozco. Mira, cógeme ese ojo, amplíalo, no, no estaba enfadada, pero lo parece. Cógeme la nariz. Es grande. Y sigue creciendo. La nariz nunca deja de crecer ¿no lo sabías?.
Y cógeme esa boca. Siempre me gustó mi boca, y, sin embargo, tiene una difícil sonrisa, yo, que me siento de sonrisa fácil... Las comisuras de los labios apuntan permanentemente hacia abajo. El labio superior es fino, desproporcionado con el inferior, fíjate bien, 
cuando la sonrisa es total casi desaparece y los dientes toman protagonismo, tan normales ellos. Mi piel es extrañamente pálida y cálida.  Me veo rara. Yo no soy la reunión de mis partes. 

Es por el contexto. El contexto me da cierta identidad, cierto dominio sobre mi misma. Tú formas parte de mi contexto. Y tú, y tú también. Más personas de las que yo pudiera imaginar forman parte de mi contexto, del enunciado de mi misma. Personas y también lugares. Mi casa es parte de mí, mi trabajo también. Sé que hay quien me mira dentro,  y busca en mi esencia porque yo no soy la reunión de mis partes. Yo lo hago así. Me busco, y a veces me encuentro. 
Dicen que a los 20 tenemos la cara con la que nacemos, a los 40 la que nos ha dado la vida y a los 60 la que nos merecemos.
También dicen que la cara es el espejo del alma...
Incluso dicen que las personas se parecen a sus perros... jajaja
Y dicen dicen dicen..
Dicen que..

domingo, 1 de febrero de 2009

Desentráñame

Nuestra mente es una cámara acorazada. Acorazada, que no, no viene de corazón, ¡viene de coraza! De coraza. Como las cucarachas. Una coraza que protege algo supuestamente importante. Nuestra mente es valiosa. Nuestros pensamientos son el fruto de esa máquina tan valiosa.... ¿Los alquimistas, buscarían precisamente eso? Tanto buscar, y la respuesta la tenían en sí mismos, aunque muy bien protegida. ¿Protegida por quién? Nosotros nacemos así, con la mente acorazada... ¿Alguien sabe si nuestra mente nos pertenece? A veces produce pensamientos e ideas que no entendemos... ¿Será que no somos dueños del vaivén de nuestro flujo neuronal? Será. Y cuando soñamos... cuando soñamos... ¿Seremos baterías andantes, cuya única motivación consiste en querer saber sin llegar a conseguirlo jamás? ¿Tenemos real libertad de pensamiento? Nuestras capacidades están infrautilizadas, así que gran parte de nuestro cerebro no está a nuestra disposición. Sólo ocupamos con nuestra libertad de pensamiento, a voluntad, una pequeña parte, como para mantenernos ocupados, despistados de la otra que podría ser la auténtica utilidad de la máquina. Una ilusión, un entretenimiento que nos obliga a mantener el órgano vivo, recargando la batería una y otra vez sin saber muy bien por qué. Tenemos que vivir. Tenemos que pensar. Mantener vivo ese órgano, esa máquina hacedora de ideas, buenas y malas, ¿absurdas? 
¿Acaso tenemos la combinación secreta? No. Algunos se han pasado toda una vida buscándola, y se han vuelto locos, y se han lobotomizado intentando descubrir el secreto, las entrañas del pensamiento, la lógica, el futuro, el producto alquímico, el tesoro. Saber, saber. ¿Cómo estudiar un órgano cuando la única herramienta que tenemos es el propio órgano? ¿Cómo la máquina va a desentrañarse a sí misma?
Vi a una amiga de la adolescencia paseando por la playa en bici, trazando círculos y elipses al azar, como haciendo tiempo.... Se aceleraba cuando iba hacia la orilla por la arena endurecida y húmeda. Era una playa pequeña, encajada entre las rocas, pedregosa y estrecha. El suelo irregular hacía que el conjunto, mi amiga y su máquina de paseo, se sacudiese. Yo pensaba, desde la ventana de la extraña casa en la que me encontraba que no podría hacerlo mejor. La aceleración y la inestabilidad de la bicicleta me producirían vértigo, pérdida de control y acabaría sin lugar a dudas en el suelo. La miraba orgullosa: ¡qué bien lo hacía!
Inmediatamente me pregunté cómo había llegado ella hasta allí. ¿Había venido a verme? 
Estaba en aquella casa, mi madre estaba enferma en cama y yo deseaba protegerla. Una casa en la playa, cerca del mar. Me producía inquietud. Inundaciones.
Para llegar allí había conducido mi SuperLaguna: entiéndase, cuando la cosa se puso fea, aquel coche tenía la facultad de flotar por la riada y de llevarnos a donde debíamos llegar, a aquella casa extraña al lado del mar. Pero todo era una trampa. No es que yo fuese una experta al volante... no. Alguien, un ente malvado y superior se había hecho con nuestras mentes. En especial se había hecho con mi mente. Había conseguido la combinación secreta y había entrado como si fuera su casa. Allí supo todo lo que yo e incluso más, pues en rincones inaccesibles para mí podía entrar él. Él. Malvado. Pero en esta parte de la historia yo todavía no lo sabía. Y ya que la historia es mía y soy también uno de los personajes, para más señas el protagonista, quise darme una pista. La aproveché muy bien, me sentí orgullosa de mí... ¿dirigiendo mi destino? ¿era lícito aquel nepotismo?. Así que salí a hablar con mi amiga y le pregunté qué hacía allí, ¡hacía tanto que no nos veíamos!. Habíamos perdido el contacto hacía mucho tiempo... ¡décadas!.
- Cómo... ¡pero si hablamos por teléfono! ¿No lo recuerdas?
- No.
- ¡Qué extraño!
Y entonces até los cabos sueltos. No podía haberme olvidado de aquella llamada. Y mi amiga estaba segura de haber hablado conmigo, teníamos que encontrarnos allí en esa extraña y gris mañana. Aquella ausencia de memoria sólo podía explicarse si alguien se había hecho con el control de mi mente ¡quizá con el de más! (qué lista.. ¿verdad?).
Así que ese alguien sabía lo que pensaba, sabía lo que me proponía, sabía dónde estaba y a dónde quería llegar, incluso sabía lo que ni yo sabía que sabía.... Me entró el pánico. Me dirigí con urgencia a ver a mi madre y le dije que confiase en mí, que ya se lo explicaría todo pero que de momento no podía siquiera pensar en lo siguiente que haría, no podía contarle la conclusión a la que había llegado, porque Él lo sabría, y eso, eso... era peligroso. ¿Qué es lo que está ocurriendo?

- Maaamiiii... ¿ya es de día? -

¿Qué es lo que está ocurriendo?

- Maaamáaaaaa -

Pero Qué...
Cogí el despertador de encima de la mesilla y lo acerqué intentando enfocar con la vista..

- Sí mi amor... ya voooy -

¡Mierda! ¡Me he quedado dormida!