Eran bajitos. Bajitos y jóvenes. Los que medían más de metro y medio eran considerados especialmente altos. Teniendo en cuenta que llevaban unos sesenta kilos encima para defenderse (los que por su rango podían), supongo que sería muy complicado vencer la ley de la gravedad creciendo a lo alto, y me pregunto además cómo es que podían moverse. Despacio. Sí. La muerte tenía muchas oportunidades. La gente era joven, con suerte, porque era fácil pasar del ser al no ser, en un suspiro, y sin que fuese demasiado trágico, pues la rutina era esa. Olía mal. La vida era corta, lenta y cruel.
Los castillos, preciosos, llenos de agujeros en forma de cruz... ¡qué bonitos quedan esos agujeros en foto!... Defensivos: guerra y religión.... Especialmente diseñadas para el armamento, la vertical, larga para los arqueros, la horizontal, más corta, para las ballestas, y luego, con la llegada de las armas de fuego, hubo que hacer unas ampliaciones por debajo, en redondo, para poder meter pequeños cañones... Siempre guerreando, siempre defendiéndose, siempre atacando. Pelear, morir, sobrevivir.
Después del viaje a la Edad Media (Santa María da Feira, Portugal), cómodamente y en primera clase, ya he vuelto. Ha sido muy rápido, como los tiempos que corren, tan diferentes, aunque todavía haya sitios en los que la muerte, la religión, la guerra, el hambre y el tiempo se midan de distinta forma. ¡Pero están tan lejos!... ¿verdad?.