viernes, 8 de agosto de 2008

Edad Media


Eran bajitos. Bajitos y jóvenes. Los que medían más de metro y medio eran considerados especialmente altos. Teniendo en cuenta que llevaban unos sesenta kilos encima para defenderse (los que por su rango podían), supongo que sería muy complicado vencer la ley de la gravedad creciendo a lo alto, y me pregunto además cómo es que podían moverse. Despacio. Sí. La muerte tenía muchas oportunidades. La gente era joven, con suerte, porque era fácil pasar del ser al no ser, en un suspiro, y sin que fuese demasiado trágico, pues la rutina era esa. Olía mal. La vida era corta, lenta y cruel.
Los castillos, preciosos, llenos de agujeros en forma de cruz... ¡qué bonitos quedan esos agujeros en foto!... Defensivos: guerra y religión.... Especialmente diseñadas para el armamento, la vertical, larga para los arqueros, la horizontal, más corta, para las ballestas, y luego, con la llegada de las armas de fuego, hubo que hacer unas ampliaciones por debajo, en redondo, para poder meter pequeños cañones... Siempre guerreando, siempre defendiéndose, siempre atacando. Pelear, morir, sobrevivir.

Después del viaje a la Edad Media (Santa María da Feira, Portugal), cómodamente y en primera clase, ya he vuelto. Ha sido muy rápido, como los tiempos que corren, tan diferentes, aunque todavía haya sitios en los que la muerte, la religión, la guerra, el hambre y el tiempo se midan de distinta forma. ¡Pero están tan lejos!... ¿verdad?.

sábado, 2 de agosto de 2008

¿Bailas?

Pensé en negro. El blanco no me vale. Necesito fondo negro y tizas pastel para sacar reflejos del papel oscuro. Me apeteció que los colores tomasen la real oscuridad usando mis dedos para enseñarme sus preciosas mentiras. Luego te lo enseñaré y las verás tu también. Quizá te gusten. Necesito ver colores y luz sobre un fondo negro. Eso es lo que necesito hoy. Mañana dejaré que vengas con tu luz a pedirme tinieblas para sentir más que ver. Hoy no. Hoy dejaré que te pierdas en tus malezas para buscar leña para el invierno. Y luego yo la guardaré en el desván.


- ¿Bailas?
- Sí. Además sé cantar.
- Yo también.
- ¿Lo que... bailar o cantar?
- Ambas. Y alguna más...
- Bien.
- Sí. Bien. Muy bien.




viernes, 1 de agosto de 2008

Buena chica

Su pecado era ansia de sol. Naturalmente descarada se abrió demasiado pronto y tan joven una sobredosis le quemó los pétalos y manchó sus labios de vino y sangre. Aun así la belleza perduró en su pálida esencia. Siempre bella mientras hubo vida, incluso medio marchita, sirvió para que todos los insectos disfrutaran de sus eternos encantos.